El monoteísmo del Corán


El monoteísmo del Corán
Por:

Ayatola Dr. Muhammad Husain Beheshtí

Ayatola Dr. Muhammad Yauád Bahonar

Monoteísmo significa la creencia en la Unidad de Dios en todos los conceptos. Él es Uno en esencia. Él es el Único Creador. Él es el Único que dirige el mundo. Solamente El merece la adoración y veneración. Y Él es Uno en muchos otros aspectos.



La mayoría de los versículos del Corán sobre esta materia enfatizan la Unidad de Dios con respecto a la Creación, las órdenes (la dirección del mundo) y el culto. Primero llaman la atención del hombre al hecho de que solamente Dios es el Creador del mundo. Solamente Él tiene la autoridad soberana sobre el mismo. Luego extraen la conclusión de que solamente El merece ser adorado.



Surge del Corán que la mayoría de los árabes paganos creían o estaban inclinados a creer en la Unidad de Dios respecto a la creación y su dirección. Dice el Santo Corán:



"Si les preguntas: ‘¿Quién ha creado los cielos y la tierra y sujetado el sol y la luna?’, seguro que dicen: ‘¡Dios!’ ¿Cómo pueden, pues, ser tan desviados? “(29:61)



El Corán es el único que cita el sistema del mundo, homogéneo y bien entramado, como una prueba de la Unidad de Su Creador. Quiere que pensemos en la solidez y la actividad o influencia de este sistema para estar seguros de que ha sido diseñado y está siendo dirigido por un Ser Supremo. Así es como arribamos a la Unidad respecto a la creación y la dirección. Dice el Corán:



"Vuestro Señor es un Dios Único. No hay más dios que El, el Compasivo, el Misericordioso. En la creación de los cielos y la tierra, en la alternancia de la noche y el día, en la naue que surca el mar para provecho de los hombres, en el agua que Dios hace bajar del cielo, vivificando con ella la tierra después de muerta, diseminando por ella toda clase de bestias, en la variación de los vientos, en las nubes, sujetas al servicio entre el cielo y la tierra, hay, ciertamente, signos para gente que razona." (2:163-164)



Decenas de otros versículos en diferentes suras del Corán llaman la atención del ser humano de distintas maneras hacia los elocuentes signos de la Unidad del Creador implícitos en este sistema.



REFUTACIÓN DEL POLITEÍSMO



El Corán refuta la teoría de la pluralidad de dioses de la siguiente manera:



"Dios no ha adoptado un hijo ni hay otro dios junto a El. Si así fuera, cada dios se habría atribuido lo que hubiera creado y unos habrían sido superiores a otros. ¡Gloria a Dios, por encima de lo que le atribuyen! El es el Conocedor de lo oculto y de lo manifiesto. ¡Exaltado sea de lo que Le asocian! (23: 91-92)



Si el mundo fuese a tener más de un creador, las relaciones subsecuentes estarían limitadas a asumir una de las siguientes formas:



1. —Que cada uno de ellos tuviera autoridad soberana en una parte del mundo, por ejemplo, en la parte que el mismo creó. En este caso las distintas partes del mundo tendrían distintos sistemas totalmente independientes uno del otro. Pero nosotros vemos que todo el mundo tiene un sistema compacto, único, interrelacionado.



2. —Que uno de los creadores y dios regional, tuviera una posición superior a la de todos los otros, para de esta manera mantener un tipo de coordinación y armonía general. En este caso, el que ejerce la autoridad suprema sería el real soberano de todo el mundo y todos los otros serían solamente sus funcionarios. (Esta alternativa desemboca en el monoteísmo).



3. —Que cada uno de estos dioses tuviera autoridad sobre el mundo y fuera libre de actuar independientemente y dar órdenes como le plazca. En este caso habría un caos y confusión total y no habría ninguna ley ni orden, como dice el Corán:



"Si hubiera en ellos (los cielos y la tierra) otros dioses además de Dios, se corromperían sin duda. ¡Gloría a Dios, Señor del Trono, por encima de lo que Le atribuyen!"(21:22).



De esta manera, la uniformidad del sistema que prevalece en todo el mundo contradice la teoría de la pluralidad de dioses con dominios separados y su solidez niega la teoría de varios dioses con dominios propios.



La presunción de que dos o más dioses puedan ejercer la autoridad sobre todo el mundo, aunque siempre y en todas partes cooperen entre sí y libren órdenes uniformes, es una idea fantástica. Esta pluralidad ocasiona automáticamente que deban diferenciarse al menos una sola vez.



LAS CAUSAS Y LOS AGENTES



El Corán recalca la Unidad de Dios con respecto a la creación y su dirección. Sostiene que solamente El ha creado todas las cosas y solamente El ejerce la autoridad en todo el mundo. Al mismo tiempo no niega el sistema de causalidad y su verdadero papel. Dice el Corán:



"Dios ha hecho bajar agua del cielo, vivificando con ella la tierra después de muerta. Hay en esto un signo para gente que escucha." (16: 65)Aquí se menciona el agua como un medio para dar vida a la tierra.



Lo que se deduce del Corán respecto a las causas y su papel es que el Todopoderoso Creador conoce todas las cosas y puede hacer lo que quiera. Pero El ha creado el mundo de una manera particular y ha establecido para él un sistema particular en el que ciertas cosas cumplen el papel de producir otras cosas. Pero este papel es el de obedientes funcionarios de Dios, quienes cumplen el trabajo asignado sin vacilaciones y obedecen Sus órdenes solícitamente sin infringirlas en lo más mínimo.



La enorme fuerza gravitatoria del sol, aunque se trata de una fuerza gigantezca en su vasto campo, está no obstante sujeta a las órdenes del Creador. La fuerza gravitatoria de la tierra también es una fuerza poderosa. Pero también sirve a las órdenes de Dios, quien faculta a un pequeño pájaro para que la resista y permanezca flotando en el es pacio durante horas.



Narrando la historia del Profeta Abrahám dice el Corán:



"Dijeron (los adoradores de ídolos): ‘¡Quemadlo (a Abrahám) y auxiliad así a vuestros dioses, si es que os lo habéis propuesto...!’ Dijimos: ‘¡Fuego! ¡Sé frescor y paz para Abrahám (y no le dañes)!’ Quisieron emplear artimañas contra Abrahám, pero hicimos que fueran ellos los que más perdieran." (21:68-70)



Así, siempre que a Dios le parezca apropiado, puede evitar incluso que algo sea consumido por el fuego.



Si con el avance de la tecnología el hombre ahora puede neutralizar una mina o una bomba incendiaria hechas por él, por medio de una señal electrónica, ¿por qué Dios no habría de ser capaz de evitar la acción de una cosa creada por El?



LOS MILAGROS



Una persona sensible, con algunos conocimientos, puede entender fácilmente la naturaleza de los milagros si tiene en consideración la relación de las causas materiales con Dios, Su Voluntad y Su dirección.



La visión islámica del mundo sostiene la ocurrencia de los milagros. No encuentra ninguna contradicción entre ellos y la ley de causalidad, la cual enuncia que ningún fenómeno sucede sin una causa, porque, desde el punto de vista coránico, un milagro es un fenómeno que tiene una causa especial, es decir, la Voluntad de Dios.



No solamente el que sucedan milagros no tiene contradicción alguna en principio con la ley universal de causalidad, sino que, a los fines prácticos tampoco es incoherente con el sistema normal de causa efecto. El ser humano mientras evalúa las leyes científicas y experimentales no se sienta a esperar el descubrimiento de leyes absolutas. Quienes son versados en las ciencias experimentales avanzadas conocen bien el carácter relativo que tienen la mayoría de las leyes de estas ciencias (en su mayoría teorías y aproximaciones prácticas). El científico discreto y bien informado no cree en su seguridad y carácter absoluto en un cien por ciento. Sin embargo, usan estas leyes relativas en sus estudios científicos y dependen de ellas para llegar a resultados técnicos y científicos, a menos que el progreso científico subsecuente pruebe la falsedad de alguna de ellas.



En nuestra vida común de todos los días tampoco nos sentamos a esperar que algo sea seguro en un ciento por ciento. Todas las personas sensatas viajan en auto, tren, barco y avión atendidos por técnicos experimentados y conducidos por personas responsables, aunque saben que ninguno de esos medios de transporte son confiables en un cien por ciento. Los mejores medios de transporte, muy bien equipados, servidos y guiados por el personal más responsable y experimentado, pueden sufrir un accidente o escapar al control de las órdenes impuestas. La razón estriba en que el hombre basa sus cálculos en condiciones normales y no en circunstancias excepcionales, especialmente cuando dichas circunstancias excepcionales son menores o iguales a uno en un millón. Los sucesos milagrosos tienen lugar en circunstancias muy excepcionales por medio de las órdenes de Dios. Su relación con los sucesos normales es extremadamente mínima, incluso menos de uno en un millón. De esto se evidencia que la creencia en el acontecimiento de milagros por voluntad y orden de Dios no va contra los valores fiables prácticos y teóricos del sistema normal de causa-efecto.



LAS SUPERSTICIONES NO DEBEN SER CONFUNDIDAS CON LAS CAUSAS



Una de las más valiosas enseñanzas del Islam es que, con el propósito de identificar las causas y conocer su efecto total, debemos apoyarnos en las pruebas y en un conocimiento transparente en vez de en mitos y supersticiones sin fundamento. La crencia en mitos físicos causa retraso en la ciencia y en la industria, e impide la explotación de la naturaleza. Esto sucedió en el caso de la medicina durante siglos. De la misma manera, la superstición respecto a la influencia enigmática de los cuerpos celestes sobre los sucesos humanos y el uso de valiosos instrumentos astronómicos como el astrolabio para la adivinanza, obstruyó el progreso humano de distintas maneras.



La creencia supersticiosa en la efectividad de los factores metafísicos imaginarios es incluso más dañino, porque ello aparta al ser humano del principio de la Unidad de Dios y lo arroja a la trampa del politeísmo. Por eso el Corán advierte expresamente de que no hay que apoyarse en las ideas metafísicas supersticiosas (sura 53, versículos 28 y 23). Nos dice el Corán que deberíamos depender siempre de un conocimiento definido (sura 2, versículo 3) y pruebas claras (sura 10, versículo 68 y sura 6, versículo 58).



LA SUPLICA O PLEGARIA



Dios ha hecho de la plegaria o súplica una de las causas efectivas que influyen en los asuntos humanos. Ello significa que se debe estar sinceramente atento a Dios y buscar Su ayuda por medio de la plegaria o ruego firme, sincero y de buena fe. Es cierto que El conoce todo. El sabe lo que uno desea. Conoce los secretos interiores de todos. Pero, como en el caso de las relaciones humanas con la naturaleza, el esfuerzo y el empeño son esenciales y "la no obtención de ningún beneficio sin esfuerzo y sufrimiento" es la máxima y, similarmente, en el caso de las relaciones del ser humano con Dios, ha sido establecido un sistema de súplicas o ruegos. Dice el Corán:



"Cuando Mis siervos te pregunten por Mi, diles que estoy cerca y que satisfago la súplica del que invoca cuando Me ruega. ¡Que Me pidan y crean en Mi! Quizás, así, sean bien dirigidos." (2:186)



Respecto a la súplica a veces se pregunta si la Voluntad de Dios está sujeta a algún cambio. ¿Por qué quiere El que le supliquemos si Su determinación es inmutable?



(Ver la continuación en archivo pdf)



Fuente: libro INTRODUCCION A LA COSMOVISION DEL ISLAM



Editorial Elhame Shargh



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[1]La autoridad, política y espiritual, en la comunidad islámica universal, correspondía al Profeta (B.P. y Dése.) en vida de éste, y luego a los Santos Imames de su Descendencia, con ellos sea la Paz, que en número de doce le sucedieron en esta función. El último de ellos, el Imam At-Mahdi, con él sea la Paz, se ocultó al mundo hace más de mil años y permanece vivo, indicando la tradición que volverá a hacerse visible para restaurar la Justicia y la Verdad sobre la tierra, tanto como ésta estará sembrada por entonces de injusticia, tiranía y falsedad. Este es entonces, según la doctrina islámica, el período de la ocultación del Imam, o conductor de la comunidad, por lo que los musulmanes deben seguir a quien genuinamente lo represente en cada época y lugar por sus dotes de conocimiento (sobre todo del din —religión— y sus ciencias), piedad que se revele en actos, sabiduría y capacidad de liderazgo. (Nota del Editor)

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