Los abundantes beneficios de la piedad y la bondad


Los abundantes beneficios de la piedad y la bondad
Por: Husain Ansâriyân

 “...mientras que quien haya temido comparecer ante su Señor y preservado su alma de la pasión, tendrá el Jardín por morada”. [Corán: 79: 40-41]



El hombre, sus tendencias y deseos



El hombre desde el inicio de su vida hasta su fin, ve, oye, toca, prueba y huele. Es afectado por lo que ve, oye, toca, prueba y huele; por las atracciones placenteras las cuales encajan en las tendencias del hombre, tendencias que a su vez se atraen por las cosas bellas.



Dios ha prohibido ver ciertas cosas, escuchar ciertas cosas, comer ciertas cosas y tocas otras, ya que lastiman al individuo, a la familia y a la sociedad. El Legislador Exaltado nos ha informado de dichas prohibiciones por medio de los Profetas (P) y los infalibles Imames (P). Este es uno de los deliciosos frutos de la misericordia de Dios y del amor de los Profetas (P) e Imames (P) hacia la gente.



La riqueza, la comida, la bebida, los medios de transporte, los lujos, los rangos y las posiciones son requerimientos del hombre en esta sociedad, pero estos requerimientos sin ninguna restricción traspasan los derechos de otros. Seguir los deseos y requerimientos causan la destrucción del sistema familiar y social, de los valores y de la dignidad del hombre y consecuentemente lleva a la pérdida de la otra vida, a soportar la ira Divina y a merecer el tormento eterno. Competir por deseos no tiene una excusa legal ni racional. Si usted le pregunta a una persona consciente, que tiene buena moral, qué pasa si una persona obtiene dinero, altos rangos, una hermosa mujer a costa de los derechos de otros, ¿qué respuesta puede recibir?; ¿acaso una persona consciente y razonable acepta estas cosas? Si usted le pregunta a su mente, a su razón, seguramente entenderá que esto debe evitarse. Uno debe desear lo que Dios permite. Ejercer los derechos legalmente no hace que otros pierdan los suyos ni oprime a nadie.



Si usted pone esta misma pregunta ante Dios, los Profetas (P) y los infalibles Imames (P) seguramente se le responderá, debe actuar de acuerdo a lo que Dios quiere, no desear lo que no es su derecho, sus deseos deben ser satisfechos con lo que está permitido, no debe desear el mal para otros, lo cual es erróneo ante Dios, la familia y la sociedad...todos los tipos de justicia son execrables.



Uno debe satisfacer su estómago, sus deseos sexuales y su imaginación. Si estos son deseos dentro de lo permitido por Dios y las normas sociales, el ambiente será seguro, el individuo y la vida social mantendrán reputación, dignidad y moral perfecta. Pero si esos deseos traspasan las restricciones divinas y las reglas sociales, serán la causa de confusión en la vida, de la pérdida de dignidad y de la propagación de los vicios y la corrupción.



De todas maneras el hombre, de acuerdo a sus avatares de la vida, debe dos clases de deseos: los deseos racionales y permisibles y los delusorios y no permitidos.



Los deseos racionales son aquellos que caben dentro de lo permitido por Dios y por lo tanto entran fácilmente al alma y al corazón y se someten a las restricciones y leyes Divinas. En este caso, por ejemplo, uno no desea riqueza o una casa excepto por medios permitidos; no quiere satisfacer su deseo sexual excepto por medio del matrimonio legal; no quiere comida excepto por lo que Dios le da y no pasa por encima de la gente necesitada y cuando  uno quiere deleitar la vista y el oído, lo hace por los medios que le son permitidos y por lo tanto se torna piadoso, con fe, benevolente, menesteroso, bueno con la gente, sincero con la sociedad y siempre trata de complacer a su Señor y de asegurar su felicidad en esta vida por medio de la gran Ÿihâd.1



En cuanto a los deseos delusorios, estos son los que se dan como resultado del egoísmo. Vienen de un corazón ciego y llevan al orgullo, el egoísmo, y hacen que el ser humano caiga en el valle de la desviación. En este caso uno busca la riqueza no importa por qué medios. Uno desea amasar riqueza por medio de la usura, a la fuerza, haciendo trucos, estafando, robando, haciendo trampa y explotando a la demás gente o a los bienes ajenos. Cuando se quiere una casa en este caso, uno se atreve a robar las propiedades de otros. Cuando se quieren satisfacer los deseos sexuales, no le importa si es por medio de la masturbación, de la sodomía, del adulterio, etc. Cuando se quiere un alto rango, uno se apresura  a obtenerlo, no importa si para obtenerlo mancilla los derechos de otros. Y si quiere complacer su vista y su oído, lo hace mirando las esposas y las hijas de otros y oyendo conversaciones maliciosas, palabras soeces y música no permitida.



El que practica tales acciones no tiene religión ni fe, o tiene una fe débil que enceguece su corazón y su interior. El hombre en este estado trata de destruir su casa en la otra vida, de comprar la ira de Dios y de someterse a Satanás y a sus seguidores. El Sagrado Corán denomina a los deseos como inclinaciones.



Una inclinación se halla en el interior del hombre. Es el gobierno que manda al hombre y que lo pone en el lugar  de Dios y le da matices de divinidad y deidad. Esclaviza al hombre y este empieza a obedecer y a adorar a su tendencia en lugar de Dios.



Dios ha dicho:



“¿Qué te parece quien ha divinizado su pasión? ¿Vas a ser tú su protector?” [Corán: 25:43]



Cuando el hombre pone sus pies en el camino de lo mundanal, trata siempre de obtener todo lo que quiere y quiere seguir todo lo que escucha y todo a lo que sus lujurias lo lleven. Responde a su abdomen sin límites, satisface sus deseos sin restricciones y pelea por obtener riquezas, propiedades y posiciones o rangos sin importarles los derechos de los demás. En este caso, el hombre se ocupa en construir el ídolo de las tendencias dentro de sí, en adorarlo y en volverse su cautivo. Infortunadamente, mucha gente malgasta su vida adorando a este ídolo. Lo adoran y tratan de satisfacerlo a como de lugar. Uno de los ascéticos dice, “la madre de los ídolos es el ídolo de las tendencias”.



Los que adoran a este ídolo no miden los derechos de los otros ni miden sus deseos. No les importa la reputación ni la dignidad de otros. Creen que ellos tienen todos los derechos y los demás no.



Dios ha hecho lo bueno de este mundo y del otro para asegurar la felicidad de todos pero nos ha dicho que no sigamos nuestras tendencias, los deseos delusivos y no permitidos, incluso si se denota un daño aparente hacia los demás al contradecir sus tendencias. Dios ha dicho,



“¡Creyentes! Sed íntegros en la equidad, cuando depongáis como testigos de Dios, aun en contra vuestra, o de vuestros padres o parientes más cercanos. Lo mismo si es rico que si es pobre, Dios está más cerca de él. No sigáis la pasión faltando a la justicia. Si levantáis falso testimonio u os zafáis,... Dios está bien informado de lo que hacéis”. [Corán: 4:135]



El Sagrado Corán indica que seguir las tendencias es un camino hacia la desviación y aparta al hombre de Dios. Hace que el hombre se olvide del Día de la Resurrección y como consecuencia sufrirá de un gran tormento ese día. Dios dice,



“... ¡No sigas la pasión! Si no, te extraviará del camino de Dios. Quienes se extravíen del camino de Dios tendrán un severo castigo. Por haber olvidado el día de la Cuenta”. [Corán: 38:26]



El Sagrado Corán enfatiza en que el temor a Dios y resistirse ante las tendencias lleva al hombre la Paraíso:



“...mientras que quien haya temido comparecer ante su Señor y preservado su alma de la pasión  tendrá el Jardín por morada”. [Corán: 79: 40-41]



El Sagrado Corán menciona la historia de un famoso erudito que vivió en el tiempo de Moisés. Este había perdido su fe, su camino se había desviado de la verdad, se había corrompido con los placeres materiales y mundanales y había adquirido la actitud de un perro. Todo esto porque había seguido sus propios deseos:



“...pero se apegó a la tierra y siguió su pasión. Pasó con él como pasa con el perro: jadea lo mismo si le atacas que si le dejas en paz. Así es la gente que desmiente Nuestros signos...” [Corán: 7:126]



El Sagrado Corán ordena no seguir a la gente que ha pasado por alto la ley divina y ha caído en la trampa de las tendencias y se ha excedido en seguir los placeres y lujurias:



“... ¡No obedezcas a aquél cuyo corazón hemos hecho que se despreocupe de Nuestro recuerdo, que sigue su pasión y se conduce insolentemente!” [Corán: 18:28]



De acuerdo a muchos versículos en los capítulos Al-Ma’idah (5), Al-Anâm (6), Ar-Ra‘d (13), Al-Mu’minun (23), Al-Qasas (28), Ash-Shurâ (42), Al-Ÿâziah (45) y Muhammad (47), seguir las tendencias conlleva a rechazar los versículos de los Libros Divinos , lleva a la desviación, a estar lejos de Dios, a la corrupción de los cielos y la tierra y sus habitantes, a rechazar la profecía, a perder el camino recto, a caer en las garras de la gente incrédula e ignorante y a sellar los corazones con el moho y la ceguera.



Los deseos no permitidos causan la corrupción del ser, la corrupción de las acciones, llevan a dejar de cumplir con las obligaciones, a no prestar atención a los derechos de otros, a oprimir a los demás, a dejar de cumplir con las obligaciones, a cometer grandes pecados, a persistir en pecados menores, tornar al hombre malhumorado, nervioso y enojado, anhelando demasiado, odiando a la gente  piadosa y buena, interesándose en estar en compañía de la gente mala…



La lucha mayor



Si quien se ha sometido a las pasiones quiere reformar su vida y reconstruir la otra vida, si quiere adquirir bondad y felicidad en esta vida y en la otra y reformar su interior, sus acciones y su moral, debe luchar contra sus tendencias como un soldado valiente en el campo de batalla. Debe saber que ganará esta guerra con la ayuda de Dios. Si decimos que el hombre es incapaz de resistirse ante la influencia de las pasiones, entonces no habría razón por la cual Dios envió mensajeros y libros divinos  y tampoco valdrían la pena los esfuerzos de los Imames.



Pero como el hombre tiene la habilidad de enfrentarse a su tirano eterno  y vencerlo, lo cual es posible para todas las personas, Dios ha enviado a los profetas y ha revelado los libros, mostrando Su prueba ante la gente que no aceptará ninguna excusa de nadie ni en este mundo ni en el otro.



El hombre que no ha caído en la trampa de las pasiones, debe cuidarse mucho de caer en ella y debe refugiarse en Dios; debe estar atento a no contaminarse con cosas no permitidas que hacen que el ídolo de las pasiones parezca poderoso. De esta forma la dignidad y el honor, al igual que la piedad y la bondad crecen en su corazón. Por el contrario, si el hombre ignora este asunto, se verá envuelto en la adoración del ídolo de las pasiones.



Cuando el rayo de la misericordia divina ilumina el corazón del hombre después del despertar de la conciencia y después de escuchar algunos discursos y consejos o después de asociarse con personas piadosas, el hombre comprende cómo el ídolo de la pasión le gobierna y cómo afecta su comportamiento y su moral. De esta forma, el hombre no debe tardarse en luchar. Debe, de hecho, considerar la lucha en contra de este ídolo como una obligación, incluso como la obligación más importante. Esta es una orden de Dios y el hombre debe responder la invitación de los profetas y los imames para reformar su moral, sus acciones y en general para reformarse a sí mismo. Para vencer el ídolo de las pasiones, el hombre debe abstenerse de los pecados, prestar mucha atención a las obligaciones, hacer el bien, reunirse con los piadosos, asociarse con los benevolentes y limpiar su riqueza de dineros mal habidos. Si lucha contra ese ídolo con estas armas, definitivamente va a acabar con él. Esta lucha es la que se denomina como “guerra santa” o “lucha mayor”.



Se menciona que el Imam As-Sâdiq (P) dijo: cierta vez el Profeta de Dios (BP) envió un batallón para luchar contra el enemigo, y al regresar [el ejército], les dijo: “bienvenida la gente que ha ganado la lucha menor y todavía les queda por librar la lucha mayor”. Le preguntaron, ¿cuál es la lucha mayor? Es la guerra contra las pasiones propias”.



El que se resista a sus pasiones tiene su Ÿihâd más grande que cualquiera otra Ÿihâd y quien desista (emigre) de sus pasiones, su Hiÿrah (emigración) es mejor que cualquiera otra Hiÿrah, y esta es más grande que cualquiera otra bendición tras una buena acción.



El Imam Alí (P) quien fue el primero en el campo de la Ÿihâd, dijo, “el que lucha y es martirizado por la causa de Dios no se le recompensa tanto como aquel que es capaz de cometer pecados pero se abstiene de hacerlo. Un abstinente [del pecado] está cercano a los ángeles”.1



La manera de reformar



Haciendo hincapié en que Dios ha enviado 124 mil profetas, muchos de los cuales han sido mencionados en nuestros libros de narraciones y otros han sido nombrados en el Sagrado Corán, el cual es el milagro eterno revelado al sello de los Profetas (BP), cuyas instrucciones y enseñanzas han sido mencionadas en los libros islámicos, los cuales están al alcance de todos, concernientes a los campos sociales e individuales; a la naturaleza, la conciencia, la mente, el libre albedrío y la opción como depósitos de la moral y beneficios del hombre en esta vida y en la otra, elementos que confirman la autoridad de Dios sobre todos los asuntos de la vida en todos los momentos y lugares, con todo esto, ¿se puede decir que la manera de reformar está cerrada para el hombre?; ¿está el hombre obligado a hacer, a creer o a comportarse como lo ha hecho hasta ahora , sin derecho a tener ninguna otra opción ni ningún poder sobre sus actos? Ciertamente la respuesta es no. La manera de reformar está abierta mientras los cielos y la tierra existan. Todo ser humano es capaz de caminar hacia la reformación y nadie está obligado a tener uno u otro comportamiento, moral o a realizar ciertas acciones.



Las personas pecadoras y criminales, quienes se han sometido a sus pasiones y después se arrepintieron purificando su corazón y su alma de la suciedad de las pasiones, han sido a través de la historia una clara evidencia de que la manera de reformar  no está cerrada para nadie y que el hombre no está premeditado a ciertas acciones o cierta moral.



No obstante, existen ciertas discusiones inapropiadas y algunos dichos sin peso, sin evidencia e irracionales a las cuales algunas personas ignorantes se aferran, pensando en que serán exentos de sus pecados y desobediencias. Ellos piensan que el camino hacia los placeres está abierto así que se apresuran a cometer toda clase de pecados e invitan a otros a que hagan lo mismo.



Estas personas saben bien que están errados y que lo que arguyen no tiene evidencia científica ni real y fuera de la razón, aunque sus palabras son citadas por los sociólogos y materialistas de las universidades occidentales que invitan a la gente a satisfacer sus placeres a como de lugar.



“¡Más aún! El hombre testificará contra sí mismo, aún cuando presente sus excusas”. [Corán: 75:14-15]



Las personas que cometen pecados, que hacen trampa, que son hipócritas y que ante la gente pintan sus teorías vacías con el color de la ciencia y las ofrecen a otros; o los que esconden su realidad tras una máscara brillante engañando a quien los ve y se dedican a promulgar herejías y a desviar las doctrinas destruyendo la civilización y la raza humana... ¿no se dan cuenta de su estado y sus acciones y no saben cuál es el resultado de ellas?



El Sagrado Corán confirma que este tipo de gente sabe lo que hace y explotan a la gente para beneficiarse ellos mismos y para satisfacer sus deseos y pasiones; pescan en río revuelto.



Sin duda el ambiente cultural que prevalece alrededor de estas personas es un ambiente desviado y su cultura no es más que el contenedor de un espíritu de diversión, de excentricismo y de satanismo. Estas personas han negado todos los signos de la existencia de Dios Todopoderoso. Han negado los signos de la verdad y se han resistido a ellos; se han desarrollado en esa cultura desviada y se han apoyado en teorías débiles y sosas, haciendo de estas sus doctrinas y religiones a las cuales invitan a otros para que se unan y se separen de Dios y por consiguiente de la verdad. Esta gente no tiene otro objetivo sino promulgar la corrupción en la tierra y contaminar a la gente y a las naciones con diferentes clases de pecados y desobediencias.



“Pero, apenas te vuelve la espalda, se esfuerza por corromper en el país y destruir las cosechas y el ganado. Dios no ama la corrupción”. [Corán: 2:205]



Los sionistas han indicado en su libro Los protocolos de los sabios de Sión: “somos nosotros quienes hemos establecido las bases de la victoria de Darwin, Marx y Nietzsche y hemos diseminado sus doctrinas en todas las naciones y gentes”. Así es como han destruido la moral por medio de estas teorías desviadas, como todos lo sabemos.



El mundo en su cultura de hoy se somete a tres personas creadas por los judíos, Marx, Freud y Darwin. La teoría de Darwin de la evolución de las especies, por ejemplo, ha llevado a que se destruyan la virtud y la moral de los europeos. Estos pensadores siempre enfatizaron en despotricar la religión y las creencias sagradas. Corrompieron la mente de la gente con sus teorías y mostraron la religión y a los religiosos como una imagen horrenda para las personas.



Estas personas, dependientes de las teorías de sus sabios no dejaron ningún campo de la humanidad sin corromper; corrompieron toda clase de relaciones y conexiones del hombre con su Creador y con su vida y sus congéneres. La desviación actual corresponde a la relación del hombre con Dios y a cómo mirar el mundo y la relación de la existencia humana con Dios; tiene que ver también con la relación del hombre con el mundo y  la relación del mundo con el hombre. El hombre se ha desviado en su percepción del alma humana  y la conexión de si mismo con su hermano, del individuo con la sociedad, del esposo con la esposa. En general, es una desviación en cuanto a la visión de todos los aspectos de la vida.



Tras esta desviación los aspectos de la vida humana se han sometido a la influencia de las pasiones, la lujuria y la corrupción, las cuales se han diseminado día tras día hasta que el hombre de hoy piensa que Dios no es efectivo como otros dioses que adora. Esos dioses falsos cada vez prevalecen más y más por sobre todos los aspectos de la vida individual y social de la creación humana.



Muchos se han enmascarado tras aspectos científicos hasta que han logrado que la gente crea en las teorías que han inventado, lo cual hace que se afecte el futuro del hombre, quedando este sin otra opción  para elegir lo que quiere con su vida. La vida del hombre se ha puesto bajo el control de todos estos factores [teorías] irreales.



Estas teorías insubstanciales han llevado especialmente a la gente joven en  Europa y América a creer en una falsa idea de libertad: “tengo todo mi derecho de hacer lo que quiera con mi vida”, dicen. “soy libre de elegir mi creencia y mi conducta de acuerdo a lo que yo considere. Sólo yo construyo mi vida y mi futuro. Yo determino mi futuro sin la ayuda de Dios”.

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